
Este texto esta hecho por una amiga con mucho talento.Marina.
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Debía pasar mucho tiempo hasta que me diera cuenta de la trascendencia de aquel acontecimiento.
Era un día cualquiera, recuerdo que volvía de la escuela cuando vi una tienda que hasta ahora no había visto nunca. Era muy antigua, cosa que despertó todavía más mi curiosidad. El cartel tenía unas letras doradas medio decoloridas dónde se leía "El guardián del tiempo". Me acerqué. El escaparate estaba lleno de relojes polvosos y sin vida. Mire alrededor a la multitud que me rodeaba.
La gente entraba y salía de las tiendas, iban de un lugar a otro, miraban los escaparates...pero nadie parecía ver aquella relojería que se levantaba ante mí, entre los números 73 y 75. Empujé la puerta. Un ruido de campanillas avisó de mi presencia al posible vendedor que me esperaba dentro. La estància era grande y viva, miles de relojes de todos estilos y formas llenaban cada rincón de aquel lugar tan enigmático. Mis ojos recorrían todos los estantes, observando cada pieza, cada detalle, todos diferentes y a pesar de todo, todos eran relojes.
Fue entonces cuando un pequeño detalle me llamo la atención. Todos estaban parados. Algunas agujas se habían parado a la una, otras a las cuatro y hasta alguna a las seis.
De pronto, una voz grave y desgastada hizo que me girase repentinamente. Era un señor grande. Su mirada desprendía sabiduría y su cabello era blanco y amarillento debido al paso del tiempo. Me explicó que aquellos relojes eran especiales. Cada uno traía la cuenta de los momentos felices de una persona. Si uno marcaba las tres quería decir que su propietario sólo había vivido con plenitud tres años de su vida. Entonces el relojero me tendio un reloj no muy grande, cortado muy pulcramente dónde había grabado mi nombre. Me pareció el más bonito de la tienda.
Al salir de allí el sol me deslumbró la cara. Había mucha vida en la calle. Instintivamente me giré. El escaparate había desaparecido, ya no había cartel y un papel informaba de la venta del local.
¿Había sido todo fruto de mi imaginación? No, en las manos todavía tenía el reloj que me había dado el relojero. La aguja pequeña paralizada en las tres, se movió tantos minutos como los que había pasado dentro de la tienda.
Han pasado años des de aquella mañana. Todavía tengo el reloj en mi mesilla de noche. Mi tiempo se está acabando. Tumbada en la cama, serena, observo la esfera del reloj y como las manillas han ido moviéndose a lo largo de mi existencia. Es entonces cuando me pregunto:
¿Cuántos minutos, horas, días, meses o incluido años he sabido vivir realmente con plenitud durante mi existencia?
© Texto original escrito por Mariηa


1 comentario:
k text tan original!
espero k escriba mas porque no dudare en leermelos
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