
Michelle caminaba por la que ahora era su nueva ciudad mientras el eco de sus pasos rebotaba contra las paredes de hormigón. Observó un segundo los altos edificios que cubrían el cielo, la lluvia resbalada por todos y cada uno de ellos, como la sangre que brota de una herida reciente. Sus pensamientos se ahogaban en los pequeños charcos que se formaban a medida que la tempestad se hacía más fuerte.
¿Dónde está Elizabeth? ¿Y Paris? ¿Qué me decís de Ángel? Todos ellos golpeando detrás de su pared, queriendo entrar y empaparse de sus sentimientos. Pero no. Nunca más. Porque siempre que necesitaba ayuda todo el mundo se sumía en un inesperado y profundo silencio, que la dejaba aterrada, sentada en una esquina observando la oscuridad, con una nebulosa de “Ya pasará, tranquila” flotando alrededor de su cabeza. Pero si Michelle no acudía a la llamada de alguno de ellos ya podía esperar una buena réplica ¡Qué injusto era este mundo lleno de egoístas!
La ropa empezaba a pesarle demasiado, ya que estaba muy mojada. Su mirada ahora bajo hasta el suelo y así estuvo hasta que alguien choco contra ella y la hizo caer hacia atrás. Si había cuatro charcos en aquella maldita ciudad ella tenía que caer en el más grande y profundo de todos.
Michelle, enfurecida, levanto la vista dispuesta a hacer desear a aquel estúpido no haber nacido, pero antes de poder articular cualquier palabra la persona en cuestión ya estaba arrodillada a su lado, empapándose así del mismo charco en el que ella aguardaba con su rabia.
-Dios mío, ¿estás bien? Lo siento, ha sido culpa mía... Oh estas empapada... déjame que te invite a un café o que...
Michelle estaba fascinada observando su rostro, incluso parpadeó varias veces temiendo ser presa de una ilusión traicionera. El chico de los ojos verdes la miró después de aquellas palabras tartamudeadas con vergüenza.
-Tranquilo, ahora mismo estoy como en el cielo.
El chico sonrió avergonzado, y luego la agarró suavemente de la mano levantándola sin esfuerzo.
-Creo que tienes razón, porque he visto un ángel...
Michelle se alejo de allí caminando al lado de Josh, el chico de los ojos verdes, rumbo a una cafetería cercana. Quizá la lluvia no sea tan mala como cuentan. Y quizá los ángeles no tengan porqué tener necesariamente alas.


9 comentarios:
Espero que tu concursillo siga en pie <3
Precioso el texto :)
Wow. No hay palabras, es precioso.
100% de acuerdo...
Beshos!
Genial, sigues el de Michelle, es uno de mis preferidos! Me encanta Misha, espero ansiosa el próximo capítulo! xoxo
qué hermoso encuentro!! verde manzana y esperanza!!!
A mi también me gustaría chocar con ese chico de ojos verdes <3
Que preciosidad de texto.
Un beso
Lo inesperado es lo que le da color a los dias...
Un besos enorme amiga!!!
Misha, me encanta tu forma de escribir, aprovéchalo!
Es auténtico tu forma de escribir (ya me enseñarás) :]
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