Mi padre abrió la puerta con suavidad, un poco contrariado. Yo estaba decidida, iba ir a ver a mi madre y a reclamarle todos los años que me había dejado sin mi padre. Lo único que podía pensar era ¿Por qué?
-Blair te ruego que no vayas.
Sus palabras apenas hicieron efecto en mí. Cogí el bolso, la chaqueta y la bufanda mientras salía fuera.
-¿Vienes Papá?
Él me miró resignado, pero también noté algo de preocupación en su mirada. Salió fuera, cerrando la puerta de mi casa a su paso, y con paso vacilante, se dirigió a mi coche y entró en él.
-Conduzco yo, siéntate ahí.
Yo le obedecí, puesto que su extraño comportamiento había avivado mi curiosidad.
-Está bien.
Era un resplandeciente día de invierno. Los cristales del coche estaban empañados y cuando el éste se puso en marcha noté el calor de la calefacción en mi cuerpo. Cerré los ojos un instante, intentando alargar al máximo este plácido momento de calma. Poco después los abrí un tanto mareada. Desde la ventana podía ver la montaña en la que tantas veces me había perdido, para encontrarme de nuevo después de pocas horas. Mi lugar de refugio y de reflexión.
Mi padre carraspeo. Le miré dulcemente un instante, antes de que él se diera cuenta y me mirara a su vez. Paró el coche.
-No sé si es buena idea ir a casa de Imogen.
Sus palabras, tan contundentes y seguras, me dejaron un momento perpleja.
-Pero ¿A qué tienes miedo?
Mi padre me miró de una manera en la que nadie me había mirado nunca.
-Paso algo…
-¿El qué?
Miró un segundo por su ventana y luego se giró para volverme a hablar. Parecía que sus ojos habían enrojecido levemente.
-Si estuve desaparecido todos estos años no fue por placer- se frotó los ojos, como secándose lágrimas- cuando Imogen supo que te había encontrado te arrancó de mis brazos consiguiendo tu custodia. Sus padres conocían a varios jueces de la ciudad y de fuera de ella, tenían influencias importantes. Su madre le obligo a decir que yo era un maltratador y un borracho, que sería incapaz de cuidar de una niña. Así que me quedé, desolado, con una orden de alejamiento y con la certeza de que tal vez nunca volvería a ver a mi hija.
Yo me quedé un segundo en silencio. Tenía que asimilar demasiadas cosas. Me desbordaba. Miré a la ventana y contemplé de nuevo mi lugar, mi lugar de reflexión. Estaba lejos de la paz de aquellos árboles, ahora no podía escapar a sus olores y ruidos. Ahora no.
-¿Estás bien cariño?
Le miré de nuevo un tanto confusa.
-Creo que sí.
Me agarró la mano y pude sentir el calor de sus sentimientos. Yo le devolví el apretón y le insté a seguir hablando.
-Pues... la verdad es que después de eso fui a su casa, para pedirles que al menos quitasen la orden, pero mientras subía las escaleras del porche oí los gritos de su padre. Estaban discutiendo. Me quedé un rato delante de la puerta, sin saber qué hacer, hasta que de repente se abrió bruscamente y de ella salió tu “abuelo” con dos maletas. Este me dedicó una pequeña mirada de odio antes de subirse al coche que había parado frente a la casa. Penny, así se llamaba tu abuela, salió detrás de él corriendo y suplicando. El coche arrancó. Penny lloraba. Volvió a la casa enfurecida y me grito con odio. “Todo esto es por tu culpa, por tu culpa” Cuando me miró con esos ojos que desprendían tanto odio noté que tenía el labio hinchado y varios moratones. Le había pegado.
Mi padre se frotó la frente al acabar el relato. Yo me quedé pensando sobre todo eso.
-Pero ¿Por qué se fue?
Mi padre me miró.
-Nunca lo supe, después de eso no volví a acercarme a esa casa por miedo a que llamasen a la policía. Pero hija, creo que paso algo escabroso allí dentro y por eso no creo que sea buena idea ir a casa de tu madre y montarle un espectáculo.
Recapacité un momento.
-Espectáculo el que ha montado ella mintiéndome sobre mi vida-dije conteniendo el llanto- Arranca el coche por favor.
Mi padre se quedo pensativo unos segundos. Luego dijo:
-Estás bien, iremos.
Veinte minutos más tarde estábamos en casa de mi madre. Era una vieja cabaña de madera en medio de un gran bosque frondoso, en una de las montañas de las que antes he hablado. La puerta estaba abierta. Mi padre y yo nos miramos. El asintió y abrió la puerta. Allí no parecía haber nadie.
-¿Imogen?
La voz de Brad resonó en las paredes como si las habitaciones estuvieran vacías. Me hizo una seña y entró él primero. Le observé penetrar en varias habitaciones desde la puerta principal y cuando las hubo mirado todas me miró y me dijo que entrara. Me adentré en el comedor, allí había miles de papeles esparcidos por la mesa. Cogí uno. Parecía una denuncia.
-Mira papá
Le pasé el papel y lo leyó rápidamente.
-Dios mío…
Le miré expectante.
-¿Qué dice?
Mi padre parecía inmerso en aquellas palabras, le cogí del brazo.
-¡¿Qué dice?!
Al fin levantó la mirada.
-Según esto tu madre ha denunciado a su padre por violación, abusos y malos tratos.
En la habitación lo único que quedo de nosotros fue el silencio.
hay cosas que nos dejan irremediablemente, sin respiración...



5 comentarios:
Tu texto es una de esas cosas.
Un beso MUYGRANDE :)
Wao, como siempre me quedo deslumbrada y sin palabras.
Por favor, escribe ya mismo el resto de la historia! Me muero de curiosidad!! Un besazo Misha.
Grrrr!! me volvi fan de tu historia... jeje
Por cierto, hay un pequeño regalito para ti en mi blog ^^.
Las cosas que pasan bajo cuatro paredes.. 'hay paredes que escuchan, pero no dicen nada'.
Saludos!
Mmmm me encantaria saber como sigue la historia jeje
Estas escribeindo cada vez mejor, es un placer leerte ^^
un abrazo
:)
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