¿estás preparado?


11 ago 2009

La chica del vestido violeta

Me encogí más en mi manta y comprobé de nuevo la hora. Casi las diez de la noche. Trague saliva, como si mi garganta estuviera seca, y de nuevo me atusé el pelo con nerviosismo. Veinte segundos. Me desprendí de mi manta y caminé hacia la puerta. Diez segundos. Coloqué la oreja en ella y entonces lo oí. Toc, toc. Alguien llamaba. Impulsivamente abrí la puerta con brusquedad. Y como cada noche no había nadie.

Mi respiración no se calmaba y seguí desgarrando el escrupuloso silencio del pasillo. Me asomé por el borde de la puerta y miré a un lado. Vació. Miré al otro. Y por primera vez algo había cambiado. Por la rendija de la puerta del vecino un resplandor violáceo brillaba fervientemente.

Sorprendida ante este nuevo aspecto, salí al pasillo. Hacía corriente y aunque la puerta estaba a tan solo unos pasos, a mí se me hacían kilómetros. Miré el pomo con intensidad, como si desde mi posición quisiera abrirlo. Pero, obviamente, no paso nada. Tragué saliva y mientras cerraba los ojos con intensidad conseguí reunir la poca valentía que me permitía tener aquella situación. Di un paso y creí sentir mi corazón detenerse. Di otro paso más. Entonces la puerta se abrió sola.

Sobresaltada retrocedí hasta chocar contra la pared. Contuve el aliento hasta que sentí quemar los pulmones. Tomé una honda bocanada y miré la puerta, ahora abierta. Una especie de silueta se divisaba al fondo de la estancia, pero la citada luz violeta que desprendía me impedía verle el rostro. El resplandor provenía de un vestido largo, de noche, que llevaba hecho jirones. Todavía un tanto estupefacta intenté decir algo. No pude. Creí ver que sonreía. Fue acercándose a mí lentamente, a cada paso la luz se hacía más intensa, hasta que tuve que apartar la vista. Sentí su mano en mi hombro y entonces... Oscuridad.

Abrí los ojos. Estaba en mi cama. Me levanté corriendo, mirando a mí alrededor sin creerlo todavía. No podría haber soñado, no estaba dormida. Miré el reloj. Diez segundos para las diez. Me acerco indecisa a la puerta. Toc, toc.

Quizás los fantasmas solo existan en nuestra mente.. o quizá no
Inspirado y dedicado a Álvaro

4 comentarios:

Zoreta Domino dijo...

Creo que nosotros somos los creadores de nuestra propia vida... (Y con ello todas esas sensaciones, vivencias y recuerdos).

Todo pasa x algo...

Anónimo dijo...

o quisa el fantasama es uno mismo.. y ni cuenta nos damos...

¿no?

Anónimo dijo...

Vaya, que escalofriante. Me encanta, como siempre. Un besazo Misha. Echo de menos hablar contigo por el msn!

Álvaяo dijo...

Me ha encantado. Bueno.. no es tan tenebroso como lo describes.. pero algo así me siento, en serio (mis pesadillas sí son así) Igual yo, seguiré diciendo que los fantasmas no existen.. así me toquen la puerta cada día x)

Cuídate, saludos!