
El tiempo parecía ralentizar lo que era inevitable. Acaricie lentamente la foto, tan desgastada y mordida por el dolor. Luego la rompí, con rabia. Nadie quiere recordar aquello que siempre intenta olvidar, pero nunca pensé que una simple desgracia pudiera desencadenar tantas otras cada vez de mayor envergadura, como un efecto mariposa tenebroso que se empeña en hacérmelo todo más difícil, más negativo.
Es esa sensación de que siempre, por mucho que lo intentes, vas a caer en un abismo, y que siempre será el mismo, que siempre será la misma soledad la que encuentre tu corazón.
Al pie de la cama, unas lágrimas recorren de nuevo mi rostro, surcando el camino que ya habían dejado las anteriores. El sol del amanecer se refleja en el vidrio de mi ventana, proyectando sombras anaranjadas en las paredes amarillentas de mi habitación.
En ellas encuentro a mi sombra oscura, como una espiral maligna que se resiste a abandonar a mi corazón exhausto. No solo es el dolor, la traición, el asco que leo súbitamente en unos ojos ajenos, ni tan solo el terror que se abalanza sobre mí después de cada mentira, no, es la vergüenza, la impotencia. La desilusión que recorre el vació de mi alma cada vez que alguien se burla de mi, ver que hasta mis padres me desprecian por cómo soy.
Ver que mis sueños no se han cumplido y que en su ausencia, se amontonan miles de recuerdos rotos por un llanto, el mío.
Y por mucho que me digan que lo entienden se que nadie ha experimentado algo similar a lo que yo siento, creer ser la única que el destino ha tirado a este mundo extraño, que a veces se hace tan difícil de soportar, en lo que nada es de fiar, en el que todos son egoístas y malvados. Por eso voy a hacerlo. Aunque no lo que creéis.
No soy lo suficientemente valiente para acabar con este dolor y meter en mi sien una bala, pero si lo fuera, no estaría escribiendo esto. A veces pienso que son cosas de la edad, que quizá pase una mala época, que solo tenga que esperar un poco. Pero ninguna época puede alargarse tanto, ninguna tontería de adolescente puede provocar tanto dolor y nada puede hacerse esperar tanto.
Así que mientras mi felicidad se evapora, mientras esta llama se apaga, lo único y lo que no puedo evitar es seguir viviendo. Seguir sufriendo. Y eso es lo que haré, pero no aquí.
El silencio fue lo único que quedo cuando cruce la puerta envuelta de recuerdos, con la única compañía de mi maleta y lo que quedaba de esperanza en mí en la otra mano.
Adiós…Adiós para siempre.


2 comentarios:
...
No sé qué decir.
Es muy triste este texto, pero probablemente son cosas de la edad mezcladas a bastante dolor que, como una simbiosis, se empeñan en desesperarte.
Pero tú no te rindas.
Ya verás como acabas encontrando a alguien que te merezca y que te quiera.
Un beso!
Carlos
Puedo asegurar que algunas tonterías de adolescentes duran mucho..
Saludos, linda!
Publicar un comentario