¿estás preparado?


26 jun 2009

Sola en la ocuridad (1)


Cuando volví a abrir los ojos ella no se movía. Sabía que estaba muerta. Aún así me acerque, más bien me arrastré, hacía donde ella yacía, sin vida, inmóvil y fría.

Las cadenas de mi pie se removieron, rompiendo el eterno silencio. Estaba jadeando, mis ojos, dolidos de tanto llorar, se cerraron con fuerza al comprobar que no latía pulso alguno por aquellas venas.

Él la había dejado allí. La había usado y matado, como haría con ella si no escapaba. Pero no podía, no tan solo eran las cadenas que limitaban su movilidad, también estaba perdida. No sabía ciertamente donde se encontraba. Lo único que se veía por la pequeña ventana enrejada, eran sombras que se movían vacilantes entre la escasa luz que lograba colarse entre la oscuridad. Hojas de árboles que se mecían.

Volví a posar la mirada en Rachel. De nuevo comenzé a respirar entrecortadamente. Me acerqué a ella, sentía como las venas me latían en la piel. Quería comprobar, no sabía porque, lo que podía llegar a hacer. Me quedé a unos palmos de ella. Yacía de lado, de cara a los barrotes, su pelo rubio estaba revuelto y su ropa manchada de sangre.

El corazón me dio un vuelvo cuando toqué sus viejos ropajes. Mi miedo iba creciendo mientras le daba la vuelta. Casi se me congeló la sangre cuando comprobé lo que aquel… bastardo le había hecho.

Ahogué un grito en la garganta, ayudada por mi mano que ahora tapaba mi boca. Sus ojos estaban abiertos, pues no tenía parpados, aquel salvaje se los había quitado. Le había cosido las comisuras de los labios a los mofletes. Sonreía macabramente. En su frente podía leerse, escrito, con lo que parecía, su sangre: “6, ¿La siguiente?”

Comencé a balancearme convulsivamente, yo era la siguiente. Me removí en aquella oscura prisión, mientras buscaba algo que me ayudará a escapar antes de que él viniera. “Demasiado tarde” pensé, al comprobar con horror como una llave giraba en la cerradura de la puerta. Una sombra, alta y oscura, se dirigía hacia mí.

Me aferré a la pared mientras le gritaba insultos, que ni yo comprendía. Estaba desesperada. El se reía.

¿Podría librarme de la muerte que ahora me acechaba?

4 comentarios:

marta dijo...

O.O
Me has dejado de piedra. La sangre se me ha helado por completo. ¡Qué horror! (La historia, que no el escrito).
Muy macabra, pero me ha gustado.
Un beso MUYGRANDE :)

p. Yulep Rikschîjin *live* dijo...

uy, ¡es espantoso! esa sombra alta y obscura hay que matarla con las risas, y con la propia gracia y la propia dicha.
} Joven estudiante, espero nuevas para solucionar el pequeño misterio que expongo ahora en mi blog -¿cuantos va inspirando? Ya no tengo la cuenta, un saludo

mandy dijo...

dios mio
me ha encantado
que bien escrito está eso

pobrecilla
lo que le queda por aguantar
quiero creer que logrará escapar antes de llegar al final al que llegó su amiga

Álvaяo dijo...

Macabra historia. Las ganas que tengo por saber lo que viene.

Me gustan tus post, siempre te leo.. y algunas veces, por mi Google Reader y, desde ahí, no te puedo comentar. Pero bueno.

Saludos!