
El teléfono susurró en la lejanía. Desperté de mi inconsciencia y me quedé inmóvil en la cama. La barriga me dolía de vacío y mi mente tentaba a mi hambre provocándole breves alucinaciones.
Días se me hacía una palabra demasiado grande o pequeña para definir el espacio de tiempo que había estado allí dentro, sin ningún contacto humano. Y prefería morir de hambre y asco antes que salir, ya que el dolor del orgullo me latía con demasiada presión en las venas, lo tenía demasiado presente como para pensar con claridad o lucidez.
Tan denso había sido el silencio estos días interminables que las motas de nieve en la ventana se me antojaron un insoportable ruido. Me incorporé inconscientemente y toque con rudeza el cristal, empañado por el frío. Todo estaba pintado de un blanco tan claro y puro que hizo que mi vista se desviara.
Entonces pose mis ojos en el espejo viejo y desgastado, colocado justo delante de mi cómoda. Ahora por mis venas solo corría un intenso y repentino miedo. Había una mujer en la habitación justo donde yo estaba. Justo detrás mío. Sonreía con un intenso aire de locura. Me levanté y comencé a correr hacia la puerta. Estaba cerrada con llave. Blasfemé en nombre de Lauren, la maldita criada me había encerrado en mi propia habitación, supongo que por miedo a que le hiciera algo después de mi ataque de ira.
―¡Ábreme o juro que te mandaré al infierno con mis propias manos osada sabandija!
Alguien estaba al otro lado de la puerta.
―¡¿Lauren?! ¡Ábreme por dios! Hay alguien aquí dentro- Grité sin aliento-
Quien quiera que fuese el que estaba al otro lado río a carcajada limpia. Mi rabia aumentó bruscamente y empecé a golpear la puerta con los puños, a arañarla con mis propias uñas, hasta que comencé a sangrar. Al otro lado de la puerta alguien susurraba. Las lágrimas bañaban mi rostro.
―Estoy en tu espejo, en tu cabeza, en tus oídos. Soy la locura que ahora te cierra la puerta a la lucidez. Nunca podrás deshacerte de mí. Nunca más podrás sacarme de tu vida Caroline.
Asustada corrí hacia el espejo de nuevo para comprobar si aquella mujer seguía allí. Pero ahora solo estaba yo. Bueno, más bien alguien que se parecía a mí. Mis ropas estaban sucias y arrugadas mis cabellos, antes rizados, ahora caían en mis hombros inertes y mi cara pintaba una dolorosa mueca de horror.
Dejé de observarme cuando oí como la puerta empezaba abrirse. Desesperada me arrulle en mi cama, lamiéndome las manos sangrantes. Y entonces la vi, de nuevo a aquella mujer que hacía tan solo unos minutos me había encontrado en el espejo. El corazón me pego un vuelco, y mis pies le siguieron. La locura recogió mi último grito antes de que cayera al vacío, por la ventana ahora inexplicablemente abierta.
Días se me hacía una palabra demasiado grande o pequeña para definir el espacio de tiempo que había estado allí dentro, sin ningún contacto humano. Y prefería morir de hambre y asco antes que salir, ya que el dolor del orgullo me latía con demasiada presión en las venas, lo tenía demasiado presente como para pensar con claridad o lucidez.
Tan denso había sido el silencio estos días interminables que las motas de nieve en la ventana se me antojaron un insoportable ruido. Me incorporé inconscientemente y toque con rudeza el cristal, empañado por el frío. Todo estaba pintado de un blanco tan claro y puro que hizo que mi vista se desviara.
Entonces pose mis ojos en el espejo viejo y desgastado, colocado justo delante de mi cómoda. Ahora por mis venas solo corría un intenso y repentino miedo. Había una mujer en la habitación justo donde yo estaba. Justo detrás mío. Sonreía con un intenso aire de locura. Me levanté y comencé a correr hacia la puerta. Estaba cerrada con llave. Blasfemé en nombre de Lauren, la maldita criada me había encerrado en mi propia habitación, supongo que por miedo a que le hiciera algo después de mi ataque de ira.
―¡Ábreme o juro que te mandaré al infierno con mis propias manos osada sabandija!
Alguien estaba al otro lado de la puerta.
―¡¿Lauren?! ¡Ábreme por dios! Hay alguien aquí dentro- Grité sin aliento-
Quien quiera que fuese el que estaba al otro lado río a carcajada limpia. Mi rabia aumentó bruscamente y empecé a golpear la puerta con los puños, a arañarla con mis propias uñas, hasta que comencé a sangrar. Al otro lado de la puerta alguien susurraba. Las lágrimas bañaban mi rostro.
―Estoy en tu espejo, en tu cabeza, en tus oídos. Soy la locura que ahora te cierra la puerta a la lucidez. Nunca podrás deshacerte de mí. Nunca más podrás sacarme de tu vida Caroline.
Asustada corrí hacia el espejo de nuevo para comprobar si aquella mujer seguía allí. Pero ahora solo estaba yo. Bueno, más bien alguien que se parecía a mí. Mis ropas estaban sucias y arrugadas mis cabellos, antes rizados, ahora caían en mis hombros inertes y mi cara pintaba una dolorosa mueca de horror.
Dejé de observarme cuando oí como la puerta empezaba abrirse. Desesperada me arrulle en mi cama, lamiéndome las manos sangrantes. Y entonces la vi, de nuevo a aquella mujer que hacía tan solo unos minutos me había encontrado en el espejo. El corazón me pego un vuelco, y mis pies le siguieron. La locura recogió mi último grito antes de que cayera al vacío, por la ventana ahora inexplicablemente abierta.
Lo último que vi fue la silueta de aquella mujer sonriendo con sorna al pie de la ventana. El teléfono seguía susurrando en la lejanía .Y la nieve seguía siendo igual de blanca.


4 comentarios:
¡Ay! Qué miedito. Me dejas siempre en suspense.
Respecto a tu comentario, jajajaja sí, visto de esta forma un poco de Cathy sí que tiene en ese fragmento, pero pronto verás que no tienen nada en común, Irene es muy dulce y correcta, pero su vida dará un giro de 180º tras conocer a Gabriel y su libro.
Una vez más, es un placer leer tus relatos.
Un beso MUYGRANDE :)
Es triste, en verdad muy triste el momento en el que la locura le cierra la puerta a la lucidez, y sí, no puedes deshacerte de ella facilmente, y cuesta mucho sacarla de tu vida. Yo vivi un episodio similar (el accidente del que hablo en un post) Eres muy buena escribiendo historias, me encanta leerlas!
Abrazos un beso muy grande (L)
me gusta mucho como cuentas, y es un placer leerte.
Para mi la locura es olvidar que somos uno, mientras que a veces se considera tal todo lo que mal se expresa. Sentimientos y emociones ¿son locuras? mas bien puede serlo la razon sola,
besicos
Asombroso.. & muy, muy encantador...
Gran texto!
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