¿estás preparado?


8 jul 2009

Perdida en el abismo.


Mi cuerpo grito en silencio. El dolor me había dejado seminconsciente, y aunque seguía viva hubiera deseado que junto con la caída se hubiese ido mi vida, para no tener que soportar esta terrible opresión.

Lentamente, muy lentamente, me di la vuelta hasta ponerme boca arriba. El cielo se me hacía lejano y borroso. Las finas motas de nieve caían sobre mi rostro. El final del agujero me parecía inalcanzable, y al ver como estaba rodeada de esas paredes tan frías y impenetrables, sentí como si algo hubiera abandonado mi cuerpo, la esperanza que se evaporaba junto a mi aliento helado.

Poco a poco fui moviendo todas mis articulaciones en busca de alguna lesión. Y vaya si la encontré. Tenía una de las piernas rotas, me había dado un fuerte golpe en la cabeza y de mi oído parecía salir sangre.

El dolor me invadió durante un tiempo que se me hizo eterno. Mi cuerpo reacciono a este con una serie de convulsiones involuntarias que lo hicieron más agudo, se clavaba en mi piel, atravesaba lentamente mis huesos y recorría toda mi pierna en ciclo sin fin.

Empecé a respirar entrecortadamente y cada vez que lo hacía, de entre mis pálidos labios un suspiro se materializada en el aire.

Miré de nuevo al cielo, lo único y, suponía, último que iba a ver. Ahora era mi corazón el que se mostraba dolorido… morir… así. Quizá sería la falta de alimento la que me matara, o una hemorragia interna, ya que también me había dado un fuerte golpe en la cabeza. O congelada. Esa era la opción más posible.

Note como mi cuerpo se hacía frágil, notaba como el dolor iba desapareciendo para pasar a la inconsciencia, la dulce y fría inconsciencia.

Mi oídos dejaron de percibir como las frágiles motas de nieve se amontonaban en el suelo, mi piel dejo de sentir como el frio la recorría y, lentamente, mis ojos fueron cerrándose en lo que sería un viaje sin vuelta, el principio del fin, el final del camino. Se hizo la oscuridad y con ella un inquietante silencio y luego... nada.

Pero entonces sucedió. Me desperté. Al principio no sabía porque, recordé que a uno le entra sueño cuando va a congelarse, pero luego lo comprendí. Alguien había tocado mi pierna herida y yo estaba moviéndome, a consecuencia del dolor.

Su perfume de salvación llego a mí en forma de una dulce voz, susurrante y profunda, que desprendía letras pesadas de entre sus labios. Sus ojos me miraban, preocupados, mientras el destello de su iris de un azul claro y silbante se posaba sobre mis ojos. Miré hacia arriba, ahora ya no nevaba.

-Ya estoy aquí, tranquila, te voy a sacar ¿Vale? Pero no te vayas por favor, no te duermas, hazlo por mí ¿Me entiendes?

Sonreí. Quizá al caer en ese infinito y oscuro agujero había encontrado lo que tanto tiempo había estado buscando allí fuera. A él.

3 comentarios:

***Pr!nCe$$ ºf Swe3t P@!n*** dijo...

Un príncipe azul que te rescate!
Pienso que en las situaciones inesperadas encuentras a las mejores personas y pasan a ser una ficha imnportante del rompecabezas de tu vida.

Un beso.

Mirna dijo...

Las casualidades ocurren, y ¿Qué mejor un rostro que habías estado buscando para socorrerte?

Qué bonito :)

Desde Marte (también nieva), Mirna

Álvaяo dijo...

Me ha gustado cómo lo has relatado.. muy descriptivamente.. cada detalle.

A veces buscamos a esa persona especial.. y al buscarla, nos perdemos y al perdemos, caemos.. y al final.. de tanto buscar, perdernos y caernos.. es esa persona, la que nos encuentra.